Nada es estático. Nada supera la impermanencia.

Evolucionamos, cambiamos, nos adaptamos, erramos, aprendemos y repetimos. Ni somos enteramente luz, ni enteramente sombra. Somos lo que hacemos y lo que dejamos de hacer, lo que abrazamos y lo que soltamos, lo que fuimos y lo que seremos.

La existencia es contrastes, pero también es aprendizaje y adaptación.

Hace muchos soles, las hojas en el desierto morían por falta de agua, pero pasados miles de años, comprendieron que debían conservar la poca lluvia que llegaba a ellas para sobrevivir.

Y las hojas se convirtieron en espinas.

La cobra es símbolo de luz y sombra, vida y muerte, la dualidad de la vida. El calor del sol y la suavidad de la lluvia. La paz y el caos.

La serpiente de cascabel es símbolo de sabiduría, mantra de la resiliencia. En cada muda de piel, añade un nuevo segmento de queratina a la base de su cola, conservando un fragmento de su historia y fortaleciéndose a través de ella.

Deja ir, al tiempo de conservar algo de lo que fue.

Somos nuestra historia. Lo que cargamos, lo que dejamos ir y en lo que nos convertiremos. El ayer, el hoy y el mañana.

Cobra y Cascabel: dualidad y resiliencia.

Gracias por estar aquí.